miércoles, 8 de diciembre de 2010

Huérfano, al fin y al cabo


Por la mañana enterramos a mi madre, a la hora del ángelus.

En un día en que los meteorólogos prevían lluvia a todas horas, justo cuando debíamos acompañar al féretro a su destino final, dejó de llover, lo que supuso un alivio para nuestros dolidos corazones y un atisbo de milagro que nos indujo a pensar que el cielo no quería que la despidiésemos calados hasta los huesos.

Y así fue: Mi madre tuvo un entierro "seco", únicamente inundado del amor de aquellos que más la querían y respetaban.

Por la noche el cielo empezó a llorar a cántaros. Me dio por pensar que la tierra de la tumba en la que mi padre ya descansaba hacía cuatro meses, removida y reblandecida por el aguacero, iba a fundirse y a mezclar los cuerpos, féretros y sudarios de mis padres en uno sólo, tal y como hace el agua con el polvo, uniéndose para formar el lodo del que todos procedemos.

El dolor le lleva a uno a pensar en estos mágicos y poéticos encuentros, o en situaciones milagrosas que desembocan en finales felices que, en realidad, sólo existen en la ficción.

Lo mejor de todo es que la realidad es bien distinta: Mi madre no podía vivir sin mi padre. Por eso sólo le sobrevivió cuatro meses. Tan plena y fructífera había sido su vida que, descansando uno, la otra no podía sino seguirle enseguida.

Uno habían sido en vida y Uno son ahora en la muerte.

Así es como gusta de imaginar a los huérfanos a nuestros padres ausentes: siempre juntos, siempre unidos, siempre compenetrados.

Y no pienso que nuestro buen Dios juzgue mal esta visión. No, en este momento realmente no lo pienso.

4 comentarios:

Gonzalo dijo...

Vaya, no sabía nada ni de lo de tu padre.

Un abrazo y sí creo que haces bien en pensar así. Juntos de nuevo para siempre.

Socretino dijo...

Gracias, Güesmaster, te lo agradezco.

Mi padre murió el 13 de Agosto de este año, también de cáncer.

Abrazos.

Anónimo dijo...

querido primo, desde Londres os mando un gran abrazo a todos. Supongo que a debido de ser durisimo enterrar a la mami tan solo 4 meses despues del papi, pero como tu bien dices la pena la arrastro a su lado y quizas alla es donde deba estar. Solo le pido a Dios que a la mia nos la mantega por muchos anos mas con nosotros.
Es precioso lo que has escrito, se me encogio el corazon. Que Dios os ayude a tdos a superar ese dolor, que lamentablemente se lo que es.
Un besazo enorme de vuestra prima que no os olvida y quiere.
Cristina xxxxx

Anónimo dijo...

Suso, no sabes cuánto lo siento!
Muchos besos a todos!
S-O