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sábado, 16 de enero de 2010

No a los e-books


Ventajas:
  • Pesan poco.
  • Tienen el grosor perfecto para calzar mesas.
  • Son la involución de la literatura así que, por fin, podre publicar mi infranovela.
  • Me encantan los aparatos que emiten luz, en vez de reflejarla. Te dejan los ojos de un precioso color rojo sangre.
Desventajas:
  • Cuestan dinero. Las bibliotecas públicas, no.
  • ¿Ya he dicho lo del bonito color rojo sangre?
  • Cariño, ¿puedes apagar la luz o tu e-book e irte a dormir de una vez?
  • Hay que cargarlos. Y seguro que cada puñetero e-book de cada puñetera marca tiene un cargador propio e incompatible con otro puñetero e-book de otra puñetera marca.
  • Se caen y se rompen. Los libros de papel, no.
  • Necesitas Internet para descargarte los libros, ¿y si no quiero tener Internet a los precios actuales qué? ¿me voy a la biblioteca municipal digital? (juas juas juas "digital" y "municipal" son términos que no se llevan muy bien).
  • No puedes chuparte el dedo con la excusa de pasar la página, con lo que nunca podrías matar al fraile fisgón.
  • Skynet (la web 2.0) tomará conciencia de si misma algún día y mandará a todos los e-books que te partan el cráneo.
Claro, que si los e-books evolucionan hacia esto, no me importaría nada.

viernes, 8 de agosto de 2008

La revuelta

Creo que es la tercera vez que vuelvo a escribir en este blog después de un largo período de sequía, hecho que reconfirma las razones ya expuestas que me llevan a escribir, con mejor o peor resultado.

Y volver, volver, volveeeeer...

La dedicación a mi nuevo trabajo (de no pegar ni chapa a trabajar como un chino), la atención a mi familia (una hija que va a cumplir 1 año en septiembre y otro que hemos encargado para diciembre) y una mudanza a las afueras de Madrid, me han privado del placer de escribir.

Muchas cosas han cambiado en 8 meses de silencio, sí.

Se acabó lo de escribir en tercera persona del singular. Si acaso la segunda persona del plural, que ahora somos tres en casa.

Hemos trasladado nuestro hogar a Manzanares El Real (que no “del Real”), pueblo que está a 45 kilómetros de Madrid. Estamos arropados por el pantano de Santillana y vigilados por el Parque Nacional de La Pedriza, lo que le da otro aire a la vida.

No echo de menos Madrid para nada.

Me estoy leyendo el libro “Duérmete, niño” sólo para darme cuenta de lo bien que lo estamos haciendo como padres. Luego se lo pasaré a mi mujer para que también lo compruebe.

He descubierto la revista de música Rockzone, que tiene una forma de escribir bastante más normal que Rockdelux, que no hay quien la soporte.

Vocento me ha quitado Flymusic y estoy muy cabreado. Ahora ya si que no hay quién aguante el panorama mass-media musical español.

Hablando de soportar, a uno de mis alias en la red (Socretino) no le soportan en Jenesaispop.com y, ante la amenaza de iniciar un proceso de ostracismo, me he visto en la necesidad de auto-censurarme en dicha página.

De hecho, ya no escribo mis opiniones, sino que copio citas célebres de otros o pego enlaces con imágenes ilustrativas de lo que quiero expresar ¿Esto es “SPAM”?

El punto anterior (y mi obsesión por la música) me ha llevado a dos cosas:

1. Me ha abandonado en los brazos del periodismo musical amateur de 360º grados de separación. Muy buena página, os la recomiendo.

2. Voy a encargarle un Ipod classic (el de más capacidad) a un amigo que se va de vacaciones a EEUU, para que adopte el papel de contrabandista y me lo traiga de strangis, que salen más baratitos (Por si no lo sabéis, Apple tiene la siguiente y maravillosa política de precios: 1$ = 1€).

Se acabó lo de grabar cedés.

Por fin he visto a mi grupo favorito en directo: Siniestro Total. Con absoluto estupor os comentaré que una compañera de trabajo (de unos 5 ó 6 años menos, que tampoco es tanta la diferencia de edad) no los conocía.

?¿?¿?¿?!!!?"?$¿?%&$¿¿¿??????????

En fin, para que me haces dar tanta vuelta, Señor, si al final siempre me llevas al mismo lugar.

jueves, 18 de octubre de 2007

El maestro esta cansado


El gran escritor español Miguel Delibes afirma que ya no escribe porque no le quedan fuerzas para escribir.

En concreto, avala esta afirmación con la siguiente, llena del sentido común que le otorgan sus más de 60 años como escritor y sus 87 años de edad:
“A cierta edad, cuando la salud se mueve, es a peor”
Con que sencillez y claridad habla este hombre. Tal y como escribe.

Recuerdo cuando en el colegio nos obligaban a leer a “los clásicos”: El cantar del mío Cid, Cervantes, Calderón de la Barca, a la "generación del 27", Pío Baroja, Unamuno, Juan Ramón Jiménez y su burrito Platero,… De todos ellos, el único que releí varias veces fue El camino, de Miguel Delibes, que se enganchó tanto a mi alma como un pegote de brea marina al pie.

Incapaz de despegarme de su prosa, he seguido leyendo todas sus obras: La sombra del ciprés es alargada, La hoja roja, Las ratas, Viejas historias de Castilla la Vieja, Cinco horas con Mario, El príncipe destronado, La mortaja, Señora de rojo sobre fondo gris, Diario de un jubilado,…


Y todavía me aguardan muchísimos títulos más de su prolífica y exquisita carrera.

Siempre me ha sorprendido que en ninguno de sus escritos he encontrado atisbo alguno de mediocridad: Ni sobra ni falta una sóla palabra. Su ritmo narrativo se apropia de los párrafos y la gramática que utiliza es perfecta, propia del gran académico que es, ostentando la letra “e” minúscula en la Real Academia de la Lengua, cátedra desde la que dio un magnífico y ecologista discurso, en su toma de posesión, titulado “El sentido del progreso desde mi obra”.

También es un hombre con una ternura envidiable, de esa que sólo tienen unos pocos privilegiados. Poco después de la muerte de su mujer Ángeles, a la que adoraba, la definió de la manera más bonita que he escuchado jamás:
“La mejor mitad de mi mismo”


Y al final, sin proponérmelo, he conseguido que mis palabras suenen a epitafio. Y no quiero que quede así.

Así que, desde aquí, maestro Delibes, quiero proponerle que, si usted quisiera, El Buen Salvaje se ofrecería gustoso a transcribir sus palabras, cuando los achaques de los que habla no le permitieran escribir.

Sería un honor, sería un placer y sería uno de los mejores y más valiosos trabajos que cualquier ser humano pudiera realizar sobre la Tierra.

miércoles, 17 de enero de 2007

Largo y duro es el camino


"El largo camino de la vida"
2006










El Buen Salvaje tiene mucho trabajo y no le da tiempo a hacer nada, lo que le enfurruña porque no puede hacer lo que realmente sabe hacer bien: correr libremente y relatar sus aventuras por esos lugares lejanos a los que le lleva su montura.

A día de hoy, estas son las labores que me quitan la energía:

1. Un clan legal, perteneciente a la raza del Homo Amicus Ajenis, me tiene esclavizado (voluntariamente) de 8 de la mañana a 6 de la tarde, aunque es un trabajo que me mantiene y da de comer a la sangre de mi sangre.

2. Actualizando periódicamente esta bitácora, mi naturaleza libre y salvaje consigue esquivar el tedio diario que suponen mis obligaciones laborales. Pero escribir se lleva mucho tiempo y esfuerzo.

3. Documentar las increíbles declaraciones del Homo Progresista y sus locos seguidores me da últimamente mucha guerra (y mucha satisfacción). Por si fuera poco estrés, con este quehacer participo en la segunda edición de los premios 20 blogs del diario gratuito 20 minutos. Ganar no ganaré, pero la competición me espolea como a una bestia indómita y me descubre otras muchas y muy buenas bitácoras ¡¡¡no tengo tiempo de leer todo lo que quisiera!!!

4. Desde esta cueva cuento mi experiencia musical y lo hago como si a alguien le importaran de verdad mis opiniones, junto al clan de los rudimentarios, una facción notable del Homo Interneticus.

6. Por si fuera poco el cansancio de mis dedos, ahora tengo la oportunidad de hacerme un hueco como columnista en La Gaceta de los Negocios. Tengo claro que mi primera incursión en el mundo del Homo Periodista no puede ser un fracaso, lo que satura mis pensamientos y agarrota mis dedos a la hora de escribir un artículo que interese a la raza del Homo Amicus Ajenis, lector habitual de este tipo de prensa.

5. El Buen Salvaje ahora tiene una rudimentaria cámara de fotos y un móvil también dotado con parafernalia fotográfica y videográfica. La calidad es la que es y no le pidáis más peras al olmo. Seleccionar alguna entre las miles de fotos (y vídeos) que esperan ansiosas una mirada distinta a la mía, es un trabajo de Homo Chinescus.

6. La campaña "Nadie a 0", que pretende dar 1 voto a todos los que no tengan ninguno en los premios 20 blogs, ha resultado más costosa de lo que en un principio había pensado: 2 días y todavía voy por la L, habiendo empezado por el #.

Por si fuera poco, tengo otros propósitos para el año 2007:

1. La sombra de un viejo sueño me persigue sin descanso: El Altavoz. Un diario. Lo editaré junto con mi hermano"El General", otro hermano de sangre ("¿cuándo acabarás? - ¡¡cuándo termine!!") y unos cuantos más de mi tribu. Espero que salga a la luz digital muy pronto.

2. El carné de conducir es el demonio interior al que debo derrotar este año, a pesar del pequeño problema filosófico que supone a lo que tengo debajo de mi cabellera, ¿Acaso se le exige carné de conducir a un jinete? ¿Y al ciclista que utiliza las misma vías que las máquinas contaminantes del Homo Moderno? ¿Es lógico que una escuela privada cobre tanto para darte un carné de titularidad pública? ¿Le pidieron a Dani Pedrosa el carné de conducir para ser campeón?

3. Tengo que pintar mi hogar, decorar el tipi que comparto con mi salvaje esposa y donde mi alma guerrera descansa.

Todo esto, de momento, así que El Buen Salvaje no da abasto... ¡¡¡¡Aaaaaauuuuuuuuurgggggggggh!!! (por fin ha actualizado con una entrada mi amigo más salvaje)

jueves, 28 de diciembre de 2006

Los presentimientos y el esfuerzo

Creí que era una premonición.

Volvíamos del aeropuerto, de un viaje de aniversario en tierras mallorquinas, y el chamán que ganó el concurso del año pasado estaba sentado en el mismo vagón de metro que nosotros, frente a mí, respirando el mismo aire, moviendo nerviosamente sus pequeños ojos, dando la sensación de que se encontraba incómodo.

En mi egocentrismo, inmediatamente pensé que me había presentido, que le inquietaba la presencia de su heredero (yo). Me dio miedo (y vergüenza) hacerle una foto, no fuera que se molestara y se perdiera ese sortilegio triunfador del que era beneficiario.

Como digo, creí que era una señal inequívoca. En la pradera no creemos en las casualidades. “Ahora si que sí. Este año gano yo, seguro”, pensé, y se lo conté por lo bajito a mi mujer que, sentada a mi lado, se esforzaba por escucharme: “¿Dónde? ¿Quién? Sí, ya le veo... ¿y quién dices que es ese? Pues la verdad es que no tengo ni idea de quién es”.

Es difícil explicar una visión a quién no la tiene al mismo tiempo. Y además, ella no le conoce, no ha oído hablar de él ni le ha leído nunca. Una pena. Es un poco guarrete y nunca se lo recomendaría, la verdad, porque es una salvaje muy buena y sensible, pero a mi me parece que tiene talento escribiendo, con un estilo directo y sencillo, a pesar de alguna que otra temática excesivamente íntima. A veces tiene una visión salvajemente interesante de la vida.

Yo ya tenía pensado presentarme al concurso como terapia para enfrentarme a la demencia, a la mediocridad y al anonimato que me corroen. El Buen Salvaje no esta contento trabajando en las absurdas tareas creadas por el Homo Moderno para mantener su jungla de asfalto.

Curiosamente, también tengo los mismos objetivos que tenía aquel aprendiz, ahora actual campeón y columnista del diario gratuito 20 minutos.

Pero ahora mi gozo está en el fondo de un pozo. Hace poco, releyendo las bases del concurso, me enteré de que, para poder optar a los premios, hay que haber publicado durante todo el año 2006.

“En la literatura y el periodismo es necesario tiempo y esfuerzo”, me regaña mi mujer, un poco molesta, porque sabe como soy y de qué pezuña cojeo (Pero con cariño, porque también sabe lo que me hubiera gustado participar y, sobre todo, ganar).

Y es que este año he estado correteando libremente por los bosques y me he olvidado de contar mis experiencias aquí. Pero, por otro lado, he reunido un buen puñado de historias que relatar y así lo haré. Tal vez el año que viene sea el año en que esta premonición tome cuerpo.

Hay que ser un poco demente para seguir escribiendo sin esperar nada a cambio, un poco mediocre para poder superarse diariamente y un personaje anónimo para poder observar todo sin ser descubierto. Y voy a continuar desarrollando esta demencia literaria que me hierve dentro, canalizándola y depurándola, para presentarla de manera útil, inofensiva y objetiva.

Y continuaré, sí. Fastidiado por haber perdido esta oportunidad mágica, pero continuaré.

Y yo que pretendía comenzar una nueva vida. Pues va a ser otra cosa y eso. ¿Será verdad aquello de que "la suerte favorece a las mentes preparadas"?