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lunes, 7 de febrero de 2011

Donde hay Fe hay Esperanza


- Y tú, ¿todavía vas a misa?

- Sí.

- Y, ¿por qué razón?

- No hay ninguna razón: yo sólo tengo Fe.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

De minaretes y crucifijos


Todo el mundo se rasga las vestiduras contra la falta de respeto de Suiza con los musulmanes, al prohibir los minaretes en las mezquitas que se encuentren en su territorio.

Según el ministro de Asuntos Europeos turco, este tipo de actos "reflejan la creciente ola de racismo y la extrema derecha en Europa". El New York Times se entristece de que hayan ganado la intolerancia, la xenofobia y la ignorancia y Le Monde sentencia que “la peor forma de enfrentar al extremismo y la intolerancia es con extremismo e intolerancia”.

Las comparaciones son odiosas pero: primero, en 23 países musulmanes todavía se condena, incluso con la muerte, la profesión de otra religión que no sea la musulmana y, segundo, nada menos que el Tribunal de Estrasburgo (máximo órgano judicial europeo) ha dictaminado la retirada de los crucifijos de las escuelas italianas, cosa que en España ya se ha hecho mediante ley.

Y aquí nadie ha defendido a los cristianos. Ni el New York Times, ni el Le Monde, ni Amnistía Internacional, ni Movimiento contra la Intolerancia.

¿POR QUE?

martes, 10 de febrero de 2009

De lo blanco y de lo negro


A ese lado de la calle están los que no creen en el Bien ni en el mal. Para ellos que no existe el blanco ni el negro, sólo el gris que representa al barro.

A ese lado no aspiran a trascender, sólo existe la gloria efímera de un placer de cinco segundos, una cuenta corriente de cinco ceros, cinco ladrillos encerrando 100 metros cuadrados de nada, cinco cilindros en V y una vida material de cinco estrellas.

Hombres y mujeres se agolpan en una acera estrecha, creen en un más allá de pacotilla predicado por Iker Jiménez y la pitonisa Lola y se vanaglorian de estar encerrados en un universo finito, que consideran como lo único verdadero.

Se matan entre ellos (incluso antes de nacer) en nombre de la ciencia, la democracia o de una religión mal interpretada (o, simplemente, interpretada por el hombre). Se pisan, se defraudan, se empujan, se escupen, se golpean, se insultan, se apalean, se desprecian unos a otros, entre hermanos, entre iguales, pensando que son mejores que el de enfrente.

Es la acera de la Muerte, en la que no existen las consecuencias ni el remordimiento. Donde no se quiere entender ni conocer el Amor intangible.

Yo me veo en la acera de enfrente (lo siento por los que se sienten ofendidos) en ese lado en el que no importan los vítores salidos de la boca de otro hombre, sino los aplausos, inaudibles pero potentes, que reciben nuestros actos desde el Más Allá.

Si, es cierto, en este lado aparece un sabor cobrizo en la boca cuando se hace algo de mala fe, cuando se actúa por egoísmo o cuando, simplemente, se queda uno cruzado de brazos, sin hacer nada ante la injusticia. En este lado hay remordimientos, sí, muchos he sentido aquí.

Pero también la propia calle se eleva cuando uno de los que se encuentran en este lado realiza una buena acción, cuando unos de los corazones actúa. El espíritu, verdadero poseedor de la alegría, se siente pleno, rebosante de agua fresca, porque su acto de Vida repercute en todos los demás, incluso en los espíritus grises del otro lado.

Porque los Muertos (que en realidad son los Vivos) miran directamente a la Verdad y saben reconocer su reflejo cuando los vivos (que en realidad son los muertos) la invocan y se desprenden así, durante un instante eterno, de la mortaja blanca en la que se envuelve su existencia material.

No veo porque he de cruzar la calle a un mundo laico, ignorante, intransigente e inhumano, sí aquí soy feliz.

Además, no hay espacio en la otra acera para un espíritu débil como el mío. Necesito que cuiden de mí en este lado de la acera, en el que el blanco y el negro son colores que no se mezclan, dejando distinguir claramente el contraste entre el Bien y del mal.

miércoles, 22 de febrero de 2006

Contradicciones del mundo civilizado (I)

El derecho a la libertad de expresión, uno de los derechos fundamentales del Hombre, no parece tener, para la raza del Homo Moderno occidental, el sentido que le otorga el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), suscrita por casi toda la tribu, incluso por el clan español mediante el Título I, artículo 10, apartado 2 de su Constitución.

Se publican las famosas viñetas de Mahoma y se monta la de Alá entre la raza del Homo Moderno oriental. Los pecadores en cuestión piden perdón en repetidas ocasiones por la ofensa. Aún así, la mayoría de la raza del Homo Periodista llama a la defensa a ultranza de la libertad de expresión, como valor absoluto de su cultura, por encima de la educación, el respeto, la tradición y las costumbres religiosas.

Envalentonados por el tirón popular del tema, la subraza del Homo Progresista, fundamentalmente asentada en territorio español, se dedica a ayudar, con subvenciones, al estreno de obras de teatro de guión ofensivo contra la religión y sus instituciones (La revelación, de Leo Bassi) o de título blasfemo (Me cago en D...). También adoctrina en televisión acerca del fascinante mundo de “cómo cocinar un crucifijo” (Javier Krahe en el programa lo + plus) y una muñeca Nancy crucificada aparece en las ceremonias anuales de exaltación homosexual, encabezadas por alguno de sus representantes parlamentarios. Todos se vuelven a atrincherar en la libertad de expresión, a pesar de que esto suponga un monumental insulto a otro derecho fundamental: la libertad religiosa (artículo 18 de la DUDH). Alguna demanda cae por algún lado, pero es menospreciada.

Arturo Pérez Reverte, uno de los hechiceros de la subraza del Homo Progresista, aprovechando toda la movida, como siempre, se despacha a gusto en este artículo claramente racista, en el que insulta a discreción y se enorgullece de pertenecer a una sociedad en la que se puedan decir blasfemias sin que pase nada, a no ser que los jueces digan lo contrario.

La Asociación de Internautas, perteneciente a la raza del Homo Internetis, ha sido condenada al pago de una compensación de 36.000 euros, más de las costas del proceso judicial, por daños y perjuicios a la SGAE (Homo Amicus Ajenis) debido al ataque al honor (forma moderna de decir “insulto”) sufrido por el alojamiento, que ni siquiera por la autoría, de la página web llamada
>www.putasgae.com
(actualmente inhabilitada), aludiendo que su contenido “no es explicativo, sino injurioso o vejatorio”. A pesar de que estar ejerciendo activamente su derecho a libertad de expresión, exactamente igual que el Homo Periodista y que la subraza del Homo Progresista, nadie ha salido en defensa de la condenada asociación.

El Buen Salvaje, después de comprobar la desigual e incoherente defensa de la libertad de expresión que tiene el Homo Moderno occidental, se encuentra absolutamente perdido acerca de qué o quién garantiza que el respeto a los derechos humanos: la violencia intimidatoria, el sentido común de un juez o el dinero.