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jueves, 29 de noviembre de 2007

Imbéciles por la red

Tal vez no debería escribir estas cosas en caliente pero es que estoy harto de GILIPOLLAS (con mayúsculas).

Yo ya sabía que este tío era gilipollas pero es que ha pasado ya a ser GILIPOLLAS (con mayúsculas). Si le veo algún día por la calle, le parto la cara en mil pedazos.

Vaya entrada que se ha currado hoy. Entre otras perlas reproduzco las siguientes, señaladas en negrita:
Ayer no pocos se escandalizaban de que una jubilada gallega, perteneciente a una organización ultra cristiana, hubiera denunciado en un juzgado a cuatro científicos andaluces por sus trabajos en el campo de las células madre, una de las líneas punteras para la futura erradicación de enfermedades de difícil curación hoy. La buena señora, voluntaria en “Radio María” -una juerga de emisora que si la oyes te vas directo al cielo, voz en las ondas de cristianos fundamentalistas-, cercana al Foro Español de la Familia, es al parecer una profesional de este tipo de denuncias. Su incontinencia religiosa le impulsa a perseguir compulsivamente a los infieles hasta la puerta de los juzgados.

Porque para ella y las organizaciones que la jalean, y posiblemente la financian, el problema no es si los científicos hacen mal su labor de investigación, o llegan tarde al trabajo, o se beben la subvención con tapitas de jamón. El problema es, una vez más, el almita, esa almita que su dios puso, al parecer, en el embrión y al que, no se sabe muy bien por qué (es más raro que dios), le tiene más cariño que al alma hecha y derecha de los enfermos que en su día pudieran beneficiarse de las investigaciones.

Esta última frase es digna del mismísimo Joseph Mengele, el llamado "Angel de la muerte" nazi.

Este tipo de "periodistas" deberían enterarse mejor de lo que hacen estos médicos, prácticas que se asemejan en muchos sentidos a las utilizadas por los nazis, sólo que con mejores medios tecnológicos y excusas más elaboradas.

Además aprovecha el horror suscitado en España con el tema de las detenciones por practicar abortos ilegales (madre mía, menuda piara de cerdos) para hacer un refrito de una noticia que no viene a cuento y que utiliza, con calzador, para meterse con la creencias religiosas de muchísima gente, desprendiendo un odio irracional contra todo lo que tiene que ver con principios morales o éticos.

Tal vez a este capullo lo que le molesta es que, si no fuera por E-cristians, estas malas bestias médicas seguirían perpetrando asesinatos a troche y moche.

O tal vez le fastidia que, si no fuera por la Iglesia católica, esos retrógrados que intentan imponer su caridad por todo el mundo, África y muchos países del Tercer Mundo hace tiempo que estarían todos muertos. Y su querido "estado laico" estaría en la quiebra.



Sr. Saco, váyase a tomar por saco y llévese sus frustraciones y su odio consigo.



Y antes de ponerse a escribir otra sandez, pruebe a hacer esto, por favor:

lunes, 8 de enero de 2007

Un gran fracaso mundial


"Retrato imperfecto"
2006








Cuando ya creíamos que la situación mundial no podía ir a peor, van y ahorcan a Sadam Hussein.

La faena comienza cuando el Homo Moderno OccidentalcOc, cual picador humillando al toro desde su caballo, invadió Irak con la mentira más tonta jamás contada: armas de destrucción masiva.

El Buen Salvaje (no por viejo, sino por diablo) sabía que lo que realmente se buscaba con esta contienda era enmendar el error que se cometió en la primera faena celebrada en el desierto de Irak, allá por el año 1991 (cuando la I guerra del golfo), y en la que los aliados no entraron a matar, ya que le convenía mucho más al Homo Moderno Occidental que se mataran entre ellos en esa zona (Irán, Irak, Afganistán, Siria, etc...). Hacerlo él mismo hubiera sido un desperdicio de recursos.

Como decía, durante la celebración e esta nueva faena, y conforme se iban retirando algunos compañeros de cuadrilla (el Homo Progresista, por ejemplo, fue de los primeros), la tarea de ponerle las banderillas al Clan Iraquí recayó sobre el Homo Dominator Estadounidensis, que logró detener por fin al tirano iraquí y llevarlo ante un tribunal, para que fuese juzgado por sus horripilantes actos.

Desde la barrera le vio el mundo entero, sentado en el banquillo de los acusados, humillado y herido, resoplando impotente ante sus jueces, incapaz de esconder una mirada en la que no había ni un ápice de inocencia.

Y por fin, en el amanecer del día 30 de diciembre del año 2006, habiendo sido condenado a morir partiéndole el cuello en la horca, el mundo occidental terminó la faena de la manera menos occidental posible: entró a matar, ahorcando al genocida.

Y el Homo Dominator Estadounidensis, con su jefe Bush a la cabeza, aplaude su muerte y saca a hombros a los jueces y verdugos, concediéndoles las dos orejas y el rabo.

Y el Homo Progresista, con gesto serio, desaprueba la ejecución de la sentencia, pero no ha levantado ni un sólo dedo para impedirla.

Y de entre la raza del Homo Periodista, todavía los había partidarios de la cadena perpetua, pero por razones completamente equivocadas: “así el genocida hubiera sufrido más la humillación y la derrota”, decían. Hay tanta crueldad en matar como en la voluntad de torturar, digo yo. Aunque esta pena hubiera sido la salida más honrosa de la justicia occidental. Es más, hubiera sido un gesto sublime, que hubiera dejado sin argumentos a los más radicales. El homo más primitivo mataba por un sí o por un no, pero el Homo Moderno ya no debería hacer estas burradas.

El resto de toros, de nombres guerra civil, hambre, terrorismo, odio y fundamentalismo, todos ellos mucho más difíciles de lidiar, tendrán que esperar una suerte más favorable, que algún lejano día llegará. A lo mejor los dioses del Homo Moderno autorizan a sus fieles a matarse entre sí, pero mi único Dios no lo permite: así demuestra su Grandeza y Majestad, y a su imagen y semejanza debemos actuar nosotros.

Como dijo Borges, uno de los grandes chamanes del siglo XX: “No nos comamos a los caníbales”.