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lunes, 11 de agosto de 2008

El Solitario Julián Farruquito de Juana Chaos (una canción)

La justicia española
no tendrá otro remedio
que encerrarme de por vida.
No me quitará de enmedio
declarándose "incomprendida".

¡esta vez no!

Voy a poner un anuncio en Gara
anunciando mi delito ultracretino.
Me podré un paño blanco en la cara
y una boina de pueblerino.

Le robaré el coche a mi cuñado
(es que me cae bastante mal)
y a toda velocidad
me lanzaré por la ciudad
sin carné y sin seguro.
Le alcanzará un destino fatal
al primer peatón que vea…
¡no le quedará ni un hueso duro!
¡no sabrá quién le arrea!

Gritaré a pleno pulmón,
entre risas maliciosas:
¡Por Euskadi, so cabrón,
por el flamenco-fusión
y por las hipotecas espantosas!

¡Será un caso de "derecho extremo"!
Batiré un récord de pena
pudriéndome en la trena
si no lo impide el Supremo...

¡Esta vez no! (eso creo)

(PD: creo que como músico tengo tanto futuro como Asuranceturix)

miércoles, 7 de febrero de 2007

De lo obvio y lo vulgar

Mucho se habla del terrorista De Juana. Demasiado.

Voy a dejar constancia aquí de un par de cosas concretas que he pensado sobre este triste asunto, en el que no volveré a perder tiempo nunca más.

Siempre se ha dicho que el mayor logro del demonio es hacer creer a los demás que no existe. De Juana se ha disfrazado de corderito para esconder el demonio que lleva dentro. Por mucha huelga de hambre, por mucha pena que dé su cuerpo (carcasa de un alma podrida) por mucho que se llene su boca halitosa de la palabra “paz”, pervirtiendo y retorciendo su significado real, espero que no consiga engañar a los españoles. Ni a los extranjeros. Esconder el demonio criminal que lleva dentro, de aquellas personas que abogan por la justicia y que buscan la verdad, debería ser considerado como una tomadura de pelo.

En cualquier parte del mundo, si un ser humano mata a 25 personas, es considerado un asesino en serie, un criminal, un perturbado mental y, como poco, un monstruo. Poco le va a importar a los jueces las quejas, lamentos, justificaciones, huelgas de hambre o lo que quiera o pretenda hacer el asesino para eximirse de culpa. Si hay pruebas de sus crímenes, se le juzga, se le condena y se le encarcela. No existen atenuantes por “motivos políticos” para los asesinos en serie ni reinserción para un reincidente.

He dicho. Y ya he hablado demasiado de este tema.