Hago un pequeño paréntesis en la narración del cuento
La prueba del rey para comentar que hoy hace un mes que
Mi Salvaje Hija nació, concretamente el 17 de septiembre:

Le pusimos de nombre
Icíar,
castellanizando el nombre vasco (sin ningún tipo de connotación política). Algunos lo traducen como "
aquella que ama profundamente el mar", otros dicen que significa "
Luz de mar" y los lingüistas más eruditos afirman que quiere decir "
Acantilado junto al mar".
El Buen Salvaje dice que, en todo caso, es un santuario precioso, que posee
una de las tallas de la Virgen más antiguas del
País Vasco, datada en el siglo
XIII, adornado por una escultura de
Oteiza, dedicada a
la maternidad, situada a las afueras de la iglesia.
(Por cierto, y hablando de
Oteiza, algún día tendré que comentar algo sobre esa maravillosa
casa-museo de este genial artista, diseñada caprichosamente por el también genial arquitecto
Sáenz de Oiza, situada en la maravillosa localidad de
Alzuza, a tan sólo unos pocos kilómetros de
Pamplona)
En fin, ¿qué puede contar
El Buen Salvaje que no se haya contado ya sobre los hijos? pues que parece que haya pasado un año ya. La sensación de
montaña rusa emocional es
constante. A veces me siento el mejor padre del mundo, cuando logro calmarla y que descanse en mi brazo...

Y otras me siento fatal, como la peor
basura de este mundo, por ser incapaz de librarle del sufrimiento que les produce a los bebés tener el
famoso cólico del lactante. Desesperante es el llanto de
Mi Salvaje Hija cuando le duele la tripa.
Pero, después de alguna que otra noche larga y tormentosa, compensa todos los esfuerzos nocturnos contemplar la placidez que dan las siguientes escenas matinales:



Me parecen ya tan característicos todos sus gestos... ¡y sólo ha pasado un mes! ¿ya dije que tener un hijo/a es
lo mejor del mundo? pues me reafirmo, pero ahora con conocimiento de causa.
Orgulloso que estoy de
Mi Salvaje Hija, que ya demuestra
maneras de ser una
auténtica salvaje...

Y también deseo agradecerle desde este blog a
Mi Salvaje Esposa todo el amor y el cariño que me da, y que me ha dado, concediéndome el honor de ser el padre de este precioso ser humano.
PD: Deseo felicitar desde aquí también a todas las madres que no recurren al aborto para huir de sus responsabilidades o de una
carga con la que no quieren cargar. Su esfuerzo para defender los Derechos Humanos es
encomiable. En concreto, para defender el artículo 3 de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reza de la siguiente manera:
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
Ojala su ejemplo cunda entre nuestros dirigentes y recapaciten acerca de esa auténtica sentencia de
pena de muerte que constituye el
aborto.