
Hoy se celebra una de esas fiestas "extranjeras" que se deberían
nacionalizar, ya que viene en forma de jarra desbordando alegría, sin más pretensiones que las de pasarlo bien. Y es que hoy es
San Patricio.
Pocos sabrán que este santo, del siglo V, puede jactarse de haber
evangelizado Irlanda entera, hoy uno de los últimos bastiones de la religión católica. Después de vivir casi
seis años como
esclavo en Irlanda vendido por unos piratas que le secuestraron en su tierra natal,
Escocia, cuando todavía era un adolescente, escapó a
Italia milagrosamente
. Allí se ordenó sacerdote y, posteriormente, fue nombrado
obispo de Irlanda.
Para poder realizar la función evangelizadora encomendada, tuvo que
convencer, uno a uno, a todos los
jefes de clan irlandeses que, por aquella época, se contaban por cientos en las tierras verdes. Utilizando su propia fortuna familiar,
les llenó de regalos, comprándoles así el derecho a predicar. Disponía del dinero únicamente para pagar este
cánon catequista y para distribuirlo entre los más
pobres, mientras él vivía en la más absoluta pobreza.
El famoso t
rébol irlandés tiene su origen en una explicación muy famosa que dio el santo sobre la Santísima Trinidad, durante una catequesis: Una misma planta con tres hojas igual que un sólo Dios con tres personalidades diferentes.
También cuenta la leyenda que hizo
huir a todas las
serpientes de Irlanda y que enseñó a los irlandeses a
destilar, como buen escocés. De ahí que la festividad de San Patricio y la
cerveza sean inseparables.
Aunando estas dos características de la fiesta popular, la tradición manda que, además de
vestir del color de la hierba, la
cerveza que se ingiera sea también
verde, cosa que consiguen con colorantes vegetales, sin restar ni añadir ni un ápice de sabor.
Para saber más, aquí hay una explicación más extensa:
Santoral de la Red Global Católica, día 17 de marzo.